31 de enero de 2017

Reseña: La carretera, de Cormac McCarthy.


Cormac McCarthy nos sumerge en un realismo postapocalíptico devastador.

Este señor tiene una forma de escribir muy característica: frases cortas, estructuras sencillas, que te envuelven desde la primera página y provoca que devores el libro con suma facilidad. No es un argumento de faldón, no es una exageración, es absolutamente cierto. Y esta aparente facilidad de escritura es meritoria, porque en tan pocas palabras recrea un universo muy atmosférico, un marco sólido.




¿De qué va La carretera? Es el viaje de un padre con su hijo (los personajes no tienen nombre, no son relevantes) hacia el mar, en un mundo aparentemente destruido y lleno de ceniza, con misteriosas explosiones, cosas que se mueven por el bosque tirando árboles muertos y habitantes caníbales en los que no repara demasiado. El misterio, y la falta de respuestas, es una táctica tan válida como otra cualquiera que hace que el lector pase de página. Aquí desde el principio el misterio de qué ocurrió sabemos que no es la base de la novela. Esta es la historia de supervivencia de un padre y su hijo. El autor no quería hacer demasiado hincapié en qué originó esa situación y si hay alguna solución. De hecho, maneja las migajas de información que nos da a la perfección. Un par de fechas, una o dos referencias y listo. El resto lo tiene que hacer la imaginación del lector. Y, oye, da gusto encontrarse de vez en cuando lecturas que no hacen de la exposición su dogma.

Los personajes. Recuerdo que me llamó la atención lo bien creado que estaba el niño. Es real —todo en la novela lo es— y, eso que muchas veces es difícil «sonar» como tal, aquí está perfecto. Tiene momentos que es entrañable. El padre es un hombre serio, que tiene la enfermedad (de la que ha muerto la mayoría de la población) y busca un lugar donde su hijo esté a salvo. Aparentemente el mar. Me hace gracia porque todo rezuma una atmósfera oscura, dura, y es de lo que carecen las series de zombies, por poner un ejemplo, cuando intentan darle profundidad a eso del postapocalípsis. En fin, el padre. El personaje es consecuente con todas sus acciones. A medida que avanza, la narración recrea pequeños flashbacks de antes del «conflicto», donde está con la madre de su hijo, algo que da complejidad y profundidad a su psicología. Es muy completo. Y real, como todo el libro, insisto.


En una novela de viaje siempre es complicado no caer en lo repetitivo. Debes contar cosas diferentes aunque cada día pase lo mismo: que van caminando. El manejo de la información de McCarthy es ejemplar. Efectivamente cada día es la copia del anterior, pero cada vez nos cuenta una cosa, un detalle, ocurre algún acontecimiento que amplía el marco creado, que nos ayuda a tener una visión más extensa de la historia. Pero sin caer tampoco en la consecución de acontecimientos. El ritmo está estudiado y es inmejorable. Es buena, joder.

Pero, siempre hay un pero. Lo que más me chirrió de toda la novela es el final. Fijaos que me parece apresurado. Y con un toque demasiado esperanzador para lo que es el libro en sí. En toda la historia está el padre y el hijo solos, y la gente con la que se encuentran es peligrosa o está moribunda. Que al final ocurra lo que ocurre es… Es muy complicado explicarlo sin destrozaros el desenlace. Pero me parece demasiado casual y demasiado rápido. Si el niño se tiene que encontrar con «ellos», perfecto. Pero aprovecha para que haya un duelo y pase un tiempo solo, a ver cómo se desenvuelve. No me pareció que estuviera al nivel del resto de la historia.

Desde luego el final no desmerece el resto, todo un ejemplo a nivel narrativo, en cuanto a técnica y contenido. Además ganó el Pulitzer en el 2007. Y encima es corto, así que, si está en el montón de pendientes, subirlo de posición.

¡Juzga por ti mismo!

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